El cambio en los roles de género dentro de las parejas heterosexuales está generando cambios sociales que afectan a muchos ámbitos. La estructura del pater familias, es decir del varón-sustentador que ejerce la autoridad sobre la mujer, los hijos y las hijas y que tiene un empleo remunerado para el mantenimiento de la familia; y la mujer-cuidadora encargada de la crianza y de todas las tareas de cuidados en la familia; está quebrada. Aunque todavía no existe una completa igualdad en el seno familiar sí se avanza hacia ello.

La primera ruptura del modelo se produjo con la incorporación de la mujer al mercado laboral, lo que propiciaba en muchos casos una independencia económica, impidiendo la suma de la dominación económica a la dominación cultural. Este proceso no se ha completado y todavía hay brechas de género en la tasa de empleo, según el informe Mujeres y hombres en España del INE: La diferencia en la tasa de empleo entre hombres y mujeres en el periodo 2017-2022 disminuyó 0,8 puntos, situándose en 10,7 puntos en 2022. El trabajo a tiempo parcial disminuyó en el mismo periodo, pero de forma desigual entre hombres y mujeres, según el mismo informe del INE pasó de un 7,3% a un 6,6% en hombres, y de un 24,2% a un 21,6% en mujeres. También es significativo el periodo de interrupción del trabajo al tener un hijo o hija: el 86,9% de los hombres lo interrumpieron en un período de seis meses como máximo. En el caso de las mujeres: un 49,9% lo interrumpieron seis meses, un 20,9% entre seis meses y un año, un 9,4% entre un año y dos y un 17,7% más de dos años (Mujeres y hombres en España, INE)

La impugnación de los roles de género dentro de la familia está produciendo, por un lado, el establecimiento de nuevos tipos de familia y por otro una mayor inestabilidad de las parejas: más satisfactorias y menos duraderas, como señala el estudio La gestión de la intimidad en la sociedad de la información y el conocimiento. Parejas y rupturas en la España actual (UMA). En 2020 el 95% de la población entre 18 y 29 años se declara soltera (INE), pero el 78% afirma haber tenido dos o más relaciones de pareja (ESGE). En esta ruptura del modelo tradicional también influyen otros cambios sociales como la aparición de razones amorosas en la elección de la pareja y no meramente de imposición social, la erotización de la vida cotidiana, el individualismo afectivo etc.

Así mismo, esta inestabilidad de las parejas y el requerimiento de corresponsabilidad en la crianza son factores que influyen, entre otros, en el descenso de la natalidad. El estudio ¿Cómo mejorar la natalidad en España? (Fedea, 2021) señala que un 21% de las mujeres entre 25 y 39 años que no tienen hijos declaran como motivo principal no tener pareja. Concluyen que “la desigualdad de género en el reparto del trabajo doméstico y de cuidado tiene una influencia importante en las decisiones reproductivas. Y probablemente asistamos a una recuperación de la fecundidad cuando la igualdad de género pase a ser la norma en la sociedad, tanto en el ámbito público como en el ámbito familiar, pero para llegar a esa meta, es necesario un firme apoyo institucional.”

En conclusión, los cambios en los roles de género están provocando profundos cambios sociales a muchos niveles. Éstos no se producen de forma acompasada entre mujeres y hombres, ni entre generaciones, ni entre visiones políticas. Esto genera tensiones que se irán resolviendo, posiblemente con avances y retrocesos, hacia el sentido común mayoritario de la sociedad: el progreso hacia una sociedad igualitaria.

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